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Respeto II

Más tarde la maduración, para poder honrar a estos tres animales de los que venimos hablando, Bonito, y los bueyes de Luisito, animales con más de 17 años… Lo haremos en noviembre, en el Capricho, donde convocaremos a amigos, clientes, amantes de la carne y a todo el que sea capaz de comprender, de respetar, de honrar.

Porque esto es verdad, es místico, es sentimiento, amor incondicional, y por supuesto que no es rentable. Y qué. En la vida no todo tiene que ser rentable. Poder disfrutar de lo que a uno le gusta y además poderlo compartir no tiene precio.

 

Ya está bien de utilizar el nombre de este animal usurpándole la identidad con el único objeto de lucrarse, de empavonarse, de enriquecerse con la mentira. Pónganle en sus etiquetas vaca si lo es. Respetarán así el trabajo muchas veces desinteresado de los ganaderos que están criando bueyes esperando mucho más tiempo del que marca la ley, y respeten también a la pobre vaca que debe sentirse avergonzada de serlo viendo que todos, o la mayoría, le intentan cambiar el nombre.

Pongamos las cosas en su sitio. Hay bueyes y los seguirá habiendo porque hay pasión por este animal y por esta pasión conozco a más de 200 pequeños productores que necesitan que se les pague un precio justo. Cómo vamos a querer tener un gran producto en nuestra casa si no cuidamos de quien lo produce. Y no es que los bueyes sean caros, son costosos. Lo que es caro a veces es la picaresca, el tratante, el matadero, el intermediario. Hasta que llega al consumidor ha pasado por demasiadas manos. Y como el buey tiene un precio más alto, obliga a mercaderes a traficar con féminas. Con el debido respeto hacia éstas, que su carne es extraordinaria pero diferente.  Y es que estoy cabreado, ¡ya está bien!

A ver si alguien se ocupa de verdad de acabar con este fraude de vaca por buey, de novillo por buey y de toro por buey.

Pero estoy contento también porque vamos a poder honrar en noviembre a tres bueyes de trabajo, probablemente los más viejos y especiales de España, de una calidad inigualable y que pocas veces, desgraciadamente, se volverá a repetir.

 

          José Gordón