“La inmensa fortuna de ser invitado por José Gordón a su templo de la carne, el Capricho, ubicado en el corazón de España y confirmar que cualquier cosa que te hayan contado acerca de la magia de sus únicos e insuperables chuletones se queda corta una vez probarlos. Pero sobre todo descubrir a un personaje de aquellos a los que uno convierte en héroes inmediatamente…

… Dice el dicho culinario que sin grasa no hay gracia. El dicho hace referencia al hecho incuestionable de que en la cocina, el aceite de oliva en una pasta o ensalada, la mantequilla en un panecito, la grasita natural de una buena carne, una panceta de cerdo o un buen jamón, son garantías de un gran sabor. Y vaya que en el Capricho lo saben y manejan bien. Porque para atreverse a combinar láminas finas de picaña entreverada de mucha grasita con dado de atún rojo fresquísimo más bien del lomo para no exagerar en grasas, y que el resultado sea conmovedor, hay que dominar con sabiduría las artes del equilibrio culinario; esas que en su justa medida son capaces de unir lo improbable y hacer de ello un bocado mágico…

… Felicitarte por la magia que has creado en cada sabor, cada rincón, cada sabiduría, cada momento y escenario que se vive en tu mundo. Es un ejemplo para el mundo, en agricultura, en medio ambiente, en cultura, en gastronomía entendida como un espacio de bienestar general.”

Gastón Acurio

“Nunca había oído hablar de aquel tipo, pero cuando me sirvió el primer trozo de carne roja (una chuleta descomunal, con un color y unas hechuras que me devolvían a un paisaje perdido hace más de quince años) entendí que estaba en un lugar diferente, y sobre todo, ante un superviviente. Aquella carne era tan diferente como el tipo que la servía… Me emociona el esfuerzo de muchos cocineros humildes, ajenos a los oropeles de la fama y las reseñas de los medios especializados, por mantenerse fieles al producto; un bien cada día más escaso y cada vez más atacado por quienes deberían preocuparse de mantenerlo con vida… El buey es uno de esos productos que marcan el fin de un tiempo, y con él, la liquidación de una forma de entender la cocina.”

Ignacio Medina

“Pero hay que ir más allá y lograr diferenciar tu producto. El restaurante El capricho, por ejemplo, ha logrado ser diferencia en todo el mundo. No hay muchos en el mundo con su calidad y excepcionalidad”.

Ferrán Adriá

“José Gordón es un personaje excepcional, de esos que unen genio, sabiduría y buen hacer. Un ejemplo singular que ha sabido madurar la experiencia de generaciones y exportarla desde un rincón de León hacia el mundo entero.
José siente con orgullo esa tierra de barro y encinas que le vio nacer. Esa tierra a la que llegan ejemplares únicos para alimentar con maestría el fuego de su ilustre parrilla. Sin duda, es un virtuoso maestro asador, reconocido en todo el mundo, que ha convertido su magnífica Bodega en el paraíso de las carnes rojas. Hasta allí llegan gentes de todos los rincones atraídos por unas carnes de leyenda y unos caldos que elevan al paraíso el ánimo de cualquiera.
Sencillez, tradición, experimentación, estudio... Valores que José Gordón conjuga a la perfección para servir de modelo, referencia indiscutible e inspiración continua y, sobre todo, para convertir su Bodega en un auténtico CAPRICHO. Así de sencillo y con mayúsculas.”

Alcalde de León, Antonio Silván

“Conozco a Jose desde hace 13 años, justo cuando yo empecé y desde el principio he tenido la sensación que su proyecto era algo diferente, algo especial. Fue uno de los 30 cocineros amigos que hicimos el libro “Andrea e i suoi Amici” y esto fue cuando ninguno de los dos éramos conocidos.
Yo elegí mi producto preferido en la trufa blanca y José me sorprendió por su gran conocimiento del buey y por la calidad de sus productos. Es un gran profesional y una grandísima persona. Es mi amigo y soy un fan de su carne y creo ser un privilegiado por poder disponer de algún trozo de carne de sus bueyes ?.
¡El rey de la trufa se pone de rodilla delante al Rey del Buey!
Enhorabuena Jose y que para muchos años sigas haciéndonos disfrutar.

Andrea Tumbarello

“Conocí El Capricho en 2008 siguiendo la sabia recomendación de Ignacio Medina, quien me alertó de la existencia de un sitio perdido en León, apenas conocido, donde servían unas carnes casi imposibles de encontrar en cualquier restaurante. Desde entonces he vuelto por allí muchas veces atraído por la personalidad de su propietario, José Gordón, y por la excepcional calidad de las carnes que este maneja. No soy el único. Jiménez de Jamuz, pueblo que tradicionalmente ha sido célebre por su alfarería lo es desde hace unos años por ser lugar de peregrinación de los carnívoros de todo el mundo.
El artífice del éxito de El Capricho es un personaje peculiar que aprendió mucho sobre el ganado vacuno en su trabajo como ingeniero agrícola y que se lanzó a la aventura de montar un restaurante en una de las tradicionales bodegas subterráneas que abundan en la zona. Con una constancia que asombra, José rastrea incansable pueblos y aldeas, especialmente de Galicia y de Portugal, en busca de esos animales casi extinguidos (bueyes de trabajo, vacas con más de diez años), negocia con los propietarios, y los compra. Bichos que corresponden a otros tiempos, con edades que alcanzan en ocasiones los 14 o 15 años, que llegan a pesar más de 1.400 kilos, y muchos de los cuales han pasado su vida trabajando en el campo. No ha sido una tarea fácil. Ha habido muchos obstáculos en el camino, pero por fin este revolucionario del mundo de las carnes rojas ha logrado el reconocimiento que merecía.”

Carlos Maribona