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Respeto I

Son las siete de la mañana. Hay un fresco amanecer; el sol saliendo, dando color a estampas con sus rayos y a imágenes que quedarán en mi recuerdo.

Paso a ver a Bonito, en su establo; le he apartado del resto porque tiene calambres y la dureza del invierno le hubiese causado dificultades. Hoy está altivo, majestuoso. Casi 17 años de edad. Lleva conmigo más de diez. Nos conocemos mucho, comprendemos nuestras miradas, hemos creado un gran vínculo. No quiero pensar en el final, me duele tomar la decisión y voy aparcando el momento, los días, las semanas, los años. Es especial. Es único, su energía…

 

También pienso que tiene mucha edad y le cuesta moverse, si muriese ahora y se lo llevase el camión de los cadáveres, qué muerte tan sin sentido, no quiero esto para él. Estoy seguro de que él tampoco lo quiere. Ha llegado el momento.

 

Por otro lado Luisito; una persona con una gran sensibilidad y un gran amor y respeto por sus animales, con dos bueyes de más de 18 y 17 años; ha vivido por y para ellos.

 

Vamos a organizar un sacrificio excepcional, una ceremonia.

Les llevaremos el día antes, les pondremos agua abundante y buena comida, y al alba, les ducharemos para que vayan relajados al sacrificio, les pondremos un bozal de hierbas aromáticas, tomillo y espliego, las mismas que huelen todos los días en la finca, y caminaremos juntos hasta el punto, hasta el fin, despacio, sin prisas, como los grandes rituales. Nos miraremos a los ojos con tristeza y complicidad y en unos segundos todo habrá terminado y todo empezará de nuevo…

Ahora honrarles como se merecen será nuestro único reto.